Ahí estaba ella, esa mujer nerviosa,
largos y rápidos pasos daba una y otra vez más;
gota tras gota deslizan por su frente
cada una como señal de los problemas que tiene.
Miradas rápidas con movimientos impulsivos,
sus manos pasaba frenéticamente por su rostro
restregando una serie de ideas sin sentido,
preparándose para una solución que llegaría al olvido.
Inquietamente ella esperaba la salvación de sus desdichas
pensando sin analizar y actuando sin medidas
observaba el escenario pero poco interés le ponía
no le importaba el resto y mucho menos su propia vida.
Un sonido indicó la llegada del fin de sus días
pero aquel medio de transporte a mi nada por ahora me haría;
poco a poco y segundo a segundo se fue aproximando,
poco a poco y segundo a segundo todo se fue empeorando.
El corazón agitado le quitó capacidad de raciocinio,
temblando su cuerpo está, el pánico ya invadió sus sentidos;
pasos largos, miradas inquietantes, taquicardia,
impulsos que van y vienen sin control sobre sí misma.
Ya se agota el tiempo y rápido debe actuar.
Dando unos pasos hacia atrás y con una lágrima que desliza por su mejilla
toma una completa respiración y un último recuerdo,
con un brinco se lanza frente al metro y sin medidas.
Las imágenes que ahora veo ocultadas por mi padre son
y solo impresiones del resto a mis oídos llegan;
inmóvil y sin aliento quedé yo
pues minutos antes del suceso en mi mente pude todo verlo.
No comprendo por qué lo hizo, según dicen inundada en problemas debía estar,
pero ¿Qué valor cobarde tuvo al un futuro cerrarse sin razonar?
solo por lo que los demás en su vida no pudieron lograr;
si supiera que por mi parte la reconstruiría sin pensar
pues no me hicieron falta hechos para notar su verdad.
Luego de tantos años, en el mismo escenario me encuentro
pensando en todas esas cosas que un día logré presenciar.
Como negarle a la vida lo casual que es
pues ahora me encuentro yo en la misma situación.
La historia comienza nuevamente siendo yo la protagonista,
noto a mi lado una pequeña jovencita que a voz baja repite
mirándome a los ojos y sin siquiera voltear
los versos que un día logré yo armar:
Ahí estaba ella, esa mujer nerviosa,
largos y rápidos pasos daba una y otra vez más,
gota tras gota deslizan por su frente
cada una como señal de los problemas que tiene...
Ana Cristal Raposeiras Taboada
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS ©
Este poema fue creado: 10 de Junio de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario